Aún recuerdo la sensación que tuve al conocerte. Era fiesta, era emoción, era una alarma diciéndome tienes que volver a verlo y emanaba una euforia que no reconocía en mí. Tenía minutos de conocerte y ya estaba encantada. Claudia (una de mis mejores amigas) intentó calmarme y adentrarme a "la realidad". No tuve más remedio que hacerlo, pero internamente ya se había encendido la llama que haría de mí una feria de colores. Los detalles específicos de la conversación los tengo tan grabados en mi memoria que se me torna difícil relatarlos, tal vez los quiero sólo para mi.
Gracias a la tecnología pude encontrarte. No debo presumir de mis habilidades que justo esos días auto-descubrí para hacerlo. Pero lo hice y me atreví en tu cumpleaños felicitarte.
Así inició nuestra gran historia de amor.
Gracias a la tecnología pude encontrarte. No debo presumir de mis habilidades que justo esos días auto-descubrí para hacerlo. Pero lo hice y me atreví en tu cumpleaños felicitarte.
Así inició nuestra gran historia de amor.
Sólo puedo agradecer por lo que vivimos.
¿Qué momento me gustaría revivir? Todos.
Pienso cuando nos presentaron e hicimos "clic", quizás la segunda vez que nos vimos donde se intensificó más el sentimiento. Tal vez la primera cita que tuvimos. O las tantas citas llenas de anécdotas dignas de recordar. Viene a mi pensamiento nuestro primer beso en el parque cerca de mi casa, donde ambos estábamos tan nerviosos como si fuera la primera vez en besar a alguien. Puede ser la ocasión en que películas con el proyector en tu casa y te sentías soñado por aparentar cine en casa. Aquella vez en el parque, cuando me pediste ser tu novia y sentiste que había sido una declaración chafa casi ridícula, pero para mi la más sincera e inocente, la mejor. Un momento memorable también fue cuando cumplimos el primer mes de novios, todo era color rosa y ambos en las nubes, estabas maravillado con mi declaración de amor al cantarte nuestra canción frente a tanta gente en aquel bar que frecuentábamos cada semana en mis clases de sociología médica. Tu cara, tu expresión y sonrisa de oreja a oreja aquella noche es inolvidable. Estabas tan maravillado, parecía que nadie te había demostrado tal cual un amor tan grande. Presumiste a quien pudiste el pequeño gesto que tuve para ti que hasta subiste un video a Youtube. Tu collage tan padre con todas nuestras fotos hecho a mano. Aquel momento en la catedral cuando llevamos a Frida (mi perrita French Poodle minitoy) a pasear y decías: "la familia paseando en catedral". Las veces que me presumías con tus amigos diciendo con orgullo "ella es mi novia, mi amorsito" y lo expresabas tan feliz, que me sentía la mujer más extraordinaria y feliz a tu lado. Plenitud y felicidad, tanta que daba miedo sentir tanto. De verdad era magia. Las ocasiones que fuiste por mi a la escuela. O la vez que entraste a mi clase de Sociología Médica y el maestro me felicitó por un trabajo que hice, y me hiciste señas sonriendo y felicitándome a la vez, como si todo hubiera sido arreglado para que evidenciaras el momento. Suspiro por la ocasión donde me visitaste a mi casa por la noche de sorpresa sólo para levantarme el ánimo pues estaba estresada por un examen. Esos cinco minutos... ¡Wow!. Cuando fuimos al centro ecológico, como paseo repentino y a las horas fuimos a dar el grito en el día de la independencia en catedral. Nuestras tardes de cine. Una anécdota que siempre contabas: aquella ocasión donde se te quedaron las llaves dentro del Chevy y usé mis artimañas para sacarlas. Fui tu súper-héroe ese día. Contaste la historia como si hubiera hecho algo fuera de serie. O cuando me pediste que te cortara el cabello y estabas tan confiado en mi inexperiencia como estilista que quedaste contentísimo y como era usual, me presumiste.
Pienso cuando nos presentaron e hicimos "clic", quizás la segunda vez que nos vimos donde se intensificó más el sentimiento. Tal vez la primera cita que tuvimos. O las tantas citas llenas de anécdotas dignas de recordar. Viene a mi pensamiento nuestro primer beso en el parque cerca de mi casa, donde ambos estábamos tan nerviosos como si fuera la primera vez en besar a alguien. Puede ser la ocasión en que películas con el proyector en tu casa y te sentías soñado por aparentar cine en casa. Aquella vez en el parque, cuando me pediste ser tu novia y sentiste que había sido una declaración chafa casi ridícula, pero para mi la más sincera e inocente, la mejor. Un momento memorable también fue cuando cumplimos el primer mes de novios, todo era color rosa y ambos en las nubes, estabas maravillado con mi declaración de amor al cantarte nuestra canción frente a tanta gente en aquel bar que frecuentábamos cada semana en mis clases de sociología médica. Tu cara, tu expresión y sonrisa de oreja a oreja aquella noche es inolvidable. Estabas tan maravillado, parecía que nadie te había demostrado tal cual un amor tan grande. Presumiste a quien pudiste el pequeño gesto que tuve para ti que hasta subiste un video a Youtube. Tu collage tan padre con todas nuestras fotos hecho a mano. Aquel momento en la catedral cuando llevamos a Frida (mi perrita French Poodle minitoy) a pasear y decías: "la familia paseando en catedral". Las veces que me presumías con tus amigos diciendo con orgullo "ella es mi novia, mi amorsito" y lo expresabas tan feliz, que me sentía la mujer más extraordinaria y feliz a tu lado. Plenitud y felicidad, tanta que daba miedo sentir tanto. De verdad era magia. Las ocasiones que fuiste por mi a la escuela. O la vez que entraste a mi clase de Sociología Médica y el maestro me felicitó por un trabajo que hice, y me hiciste señas sonriendo y felicitándome a la vez, como si todo hubiera sido arreglado para que evidenciaras el momento. Suspiro por la ocasión donde me visitaste a mi casa por la noche de sorpresa sólo para levantarme el ánimo pues estaba estresada por un examen. Esos cinco minutos... ¡Wow!. Cuando fuimos al centro ecológico, como paseo repentino y a las horas fuimos a dar el grito en el día de la independencia en catedral. Nuestras tardes de cine. Una anécdota que siempre contabas: aquella ocasión donde se te quedaron las llaves dentro del Chevy y usé mis artimañas para sacarlas. Fui tu súper-héroe ese día. Contaste la historia como si hubiera hecho algo fuera de serie. O cuando me pediste que te cortara el cabello y estabas tan confiado en mi inexperiencia como estilista que quedaste contentísimo y como era usual, me presumiste.
No podría escoger un solo momento. Si fuera al azar igual estaría feliz porque te vería y sentiría de nuevo.
Aunque pase el tiempo: eres, fuiste y serás. Me gusta y decido pensar que existe el cielo, un lugar donde van nuestras almas a revivir, a ser felices, a continuar una vida no física, me gusta pensar que fuiste aquél lugar y que cuando decida la vida, me reecontraré contigo y con mis demás allegados. Aprendí después de años a despedirme de tí.
Gracias por todo, por siempre Marcos.
Gracias por todo, por siempre Marcos.
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